En Irlanda me rechazaron en dos entrevistas de trabajo por «problemas de comunicación». No por escrito: hablando. Aquí he optado a dos promociones y me han dicho lo mismo con otras palabras: que no se ve claro qué hago bien.
Durante años pensé que el problema era yo. Ahora sé que pasaba buena parte del día haciendo un trabajo que nadie veía: parecer normal. Eso tiene nombre. Se llama masking, o camuflaje, y agota.
Lo esencial
- El masking es esconder o compensar rasgos propios para encajar con los demás.
- Se ha estudiado sobre todo en personas autistas, que describen como consecuencia principal el agotamiento.
- No es una habilidad social más: tiene un coste, y ese coste se acumula.
Qué es el masking
El masking es el esfuerzo de ocultar cómo eres para parecerte a lo que se espera de ti. Forzar el contacto visual. Ensayar una conversación antes de tenerla. Reírte cuando los demás se ríen aunque no hayas pillado el chiste. Esconder lo que te calma porque «queda raro».
La palabra viene de la investigación sobre autismo. En un estudio de 2017, un equipo del University College London entrevistó a 92 adultos autistas sobre su experiencia de camuflarse. De sus respuestas sacaron un modelo en tres partes:
- Por qué se hace: para encajar y conectar con otras personas.
- Cómo se hace: combinando dos cosas. Esconder lo propio (masking) y compensar lo que cuesta, por ejemplo aprendiendo reglas sociales como quien aprende un idioma.
- Qué consecuencias tiene: agotamiento, sí, pero también una sensación de no saber ya quién eres debajo de la máscara.
Es un estudio de entrevistas: describe cómo se vive, no mide cuánta gente lo hace ni demuestra causas. Pero fue de los primeros en ponerle palabras.
Cómo es mi máscara
Mi experiencia, no un diagnóstico de nadie:
- Hablar en una entrevista o una reunión. Mientras hablo, una parte de mí está vigilando mi cara, mi tono, si me estoy extendiendo, si he contestado lo que me preguntaban. No queda mucho para pensar la respuesta.
- El teléfono. Si estoy nerviosa, tartamudeo, me quedo en blanco y no me salen las palabras. Últimamente me pasa cada vez más.
- Hacer cosas con gente alrededor. Cocinar cuando hay visita en casa y todo el mundo pregunta «¿te ayudo?», «¿pongo la mesa?». Cada pregunta es pequeña. Todas juntas me saturan hasta que me apago. Sola, a mi ritmo, la misma tarea no me cuesta.
Tengo TDAH diagnosticado. El autismo no lo tengo diagnosticado todavía, pero mi psicóloga y mi psiquiatra me han dicho que tengo bastantes puntos, y espero la valoración. Leer sobre masking fue de las primeras veces que me reconocí en algo escrito sobre autismo.
Por qué agota tanto
Porque es un trabajo que se hace a la vez que el trabajo de verdad. Mientras los demás atienden a la conversación, tú atiendes a la conversación y a ti misma.
En 2020, un grupo de investigación de Portland definió lo que la comunidad autista llevaba años llamando burnout autista. Entrevistaron a adultos autistas con diagnóstico profesional. Lo describieron con tres rasgos: agotamiento crónico, pérdida de habilidades que antes tenían y menos tolerancia a los estímulos (ruido, luz, gente). Según los autores, es algo distinto del agotamiento por trabajo y de la depresión, y apuntan a un riesgo: enseñar a las personas autistas a camuflar sus rasgos puede salir caro.
Lo de la pérdida de habilidades me llamó la atención. Que hablar por teléfono me cueste más ahora que hace unos años encaja con lo que describen. Pero no puedo saber si en mi caso es eso. Es una pista para hablarlo con mi psiquiatra, no una conclusión.
Y el TDAH, ¿también?
Muchas mujeres con TDAH describen algo muy parecido: tapar los olvidos, llegar antes para que no se note que te cuesta llegar a tiempo, morderte la lengua para no interrumpir. La mayoría de los estudios que he encontrado sobre masking son de autismo. Del TDAH hay menos investigación, y no quiero afirmar más de lo que dicen los datos.
Qué hago ahora
No he dejado de usar la máscara. No creo que se pueda del todo, ni que haga falta. Lo que intento es:
- Elegir dónde me la quito. En casa, con quien me conoce, no ensayo.
- Contar con el coste. Si tengo una reunión, no pongo otra cosa difícil justo después.
- Pedir por escrito lo que me cuesta por voz. Me explico mejor escribiendo, así que, cuando puedo, lo hago así.
Por eso este espacio se llama sinmasking. No porque yo ya no la lleve, sino porque aquí no la necesito.
Si te reconoces en esto y quieres seguir leyendo, el siguiente es Cincuenta años de pistas, donde cuento todo lo que estaba ahí antes del diagnóstico.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración profesional.
Escrito con ayuda de IA a partir de mi experiencia. Las dos fuentes se han comprobado en el estudio original.
Fuentes
- Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C. y Mandy, W. (2017). «Putting on my best normal»: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519-2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5
- Raymaker, D. M., Teo, A. R., Steckler, N. A., Lentz, B., Scharer, M., Delos Santos, A., Kapp, S. K., Hunter, M., Joyce, A. y Nicolaidis, C. (2020). «Having all of your internal resources exhausted beyond measure and being left with no clean-up crew»: Defining autistic burnout. Autism in Adulthood, 2(2), 132-143. https://doi.org/10.1089/aut.2019.0079

